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Crónica de Viña Rock 2006 en Ozu
Saturday, 17 de June de 2006
Llega el mes de abril, la alergia y el Viñarock. Todo en uno al más puro estilo del mítico anuncio del Vipexpress.

El Viña abre sus puertas el viernes a unas cien mil personas siempre según los rumores, cuyo único objetivo es que el  personal diga: “Verás los baños, verás. Uhmm, campos de Castilla…”

Una edición de este año que para los entendidos había bajado en variedad rock para dejarse llevar por el mestizaje en distintas variantes: comercial, pureta y de tirón. En cualquier caso, el gran interrogante del viernes estaba en los vascos Soziedad Alcoholica: ¿Tocarán? ¿Se tocarán? ¿Jack Daniels dejará el patrocinio regalando botellas a todos?

Ante todas estas dudas existenciales que no dejaban a los mortales allí presenten vivir en paz sólo hay que decir que sí, S.A. tocó y de paso, se granjeó la solidaridad de buena parte de los grupos que actuaron los otros dos días, que no dejaron de hacer alusiones a la libertad de expresión. -“Que dejen de criminalizar, que esto es sólo rock” soltó el cantante de Angelus Apatrida el domingo. Tenía razón, pero aquellos que no estuvieron de acuerdo tampoco le llevaron la contraria. Normal, eran las tres y media de la tarde y el sol achicharraba. Y escuchar trash-metal con un sol achicharrándote ya es bastante esfuerzo neuronal.

Y por otra parte no, Jack Daniels no regaló nada. Es más, los de seguridad estuvieron bastante bordes para no perder la costumbre adquirida año tras año de conciertos. A mí en concreto me pararon en varias ocasiones: una de ellas fue porque no se creían que la pulsera que llevaba (de prensa) fuera verdadera, y ahí estuvo el buen hombre un rato, dándole vueltas a la pulserita rosa fosforito. Y tengo que decirlo: no me importó. Ahí estaba yo, rodeada de hombres barbudos con pelo largo y muchos de ellos totalmente alcoholizados. ¡Oh, estos festivales que te proporcionan materia prima suficiente para sueños eroticos durante un mes!

Volviendo a lo del sol que achicharraba, lo cierto es que el sábado también inauguró la jornada otro grupo de heavy metal, Centinela, que congregaron a bastante gente que alzaba los cuernos al sol y meneaba la melena. Presentaron algunas canciones de su tercer trabajo, Pánico, que saldrá a la venta en un par de semanas “aunque ya debería estar en la calle…”, y es que las discográficas fueron también uno de los objetivos de las críticas populares junto con el cartel del domingo, que lanzaba duelos memorables como Melendi versus Barón Rojo mientras la figura de Ramoncín planeaba sobre todas y todos.

Desde que se conoció el cartel del Viñarock, el debate sobre quien sufriría las iras del publico se centró entre Melendi, Pereza y Ramoncín y al final, el miembro del consejo de dirección de la SGAE (véase, el tercero en discordia) se llevó el gato al agua. De todas formas, la gente “es mu mala” porque el sábado ya se intuía que Ramoncín no iba a tocar; más bien, que no le iban a dejar (aunque eso sí, jamás pensé que duraría tan poco)

Julián Hernandez, cantante de Siniestro Total, tras cantar Tan Hermoso, explicó que el saxofonista necesitaba amor.-“Estamos muy tristes por no tocar con Ramoncin”, confesó de forma tierna. El concierto de Siniestro no recordó tantos clásicos como hubiesemos deseado aunque empezara con Cuanta puta y yo que viejo, pero tuvo un momento glorioso: el sms que mandó un incomprendido de la vida que estaba viendo el concierto.“Viña sois todos unos hijos de puta. No veo ná”.

El amor que inspiraba Ramoncín se hizo sentir también en el concierto de The  Soulbreaker Company, cuando repartieron una historieta donde él y otros miembros de la SGAE eran los protagonistas. Por su fuerte contenido X no desvelaré el final. Eso sí, el grupo dio muy buena imagen, buenos músicos y sonido potente. Y un cantante que no paraba quieto en el sitio y al que resultaba muy difícil fotografiar.

‘Little Ramón’ apenas duró unos minutos en el escenario: nada más salir, le lanzaron hielos, botellas (vacías), minis y lo más cruel, el público comenzó a corear “Liiingo, liingo” y algo así como “mamoncín el que no bote”.

Nadie del adorado público le lanzó la cartera, como pedía aquel seguidor de los Centinela cuando los miembros del grupo, al terminar el concierto, lanzaron las baquetas, púas y demás al respetable. “¡Va a tirar la cuerda…y la cartera también!”- dijo emocionado aquel pobre inocente que se quedó con las ganas de algo de fondo extra para pagarse esos minis de calimocho y cerveza que costaban cinco euros cada uno. No quise preguntar en las taquillas de los tickets cuánto costaban los de whisky, servidora tiene sentimientos.

Pero además de sentimental, soy una ingenua y por eso me llevé una grata sorpresa con Sonora. Principalmente porque cuando llegué al escenario de Radio 3 el sábado no sabía muy bien qué me iba a encontrar…y me encontré con Grass y Kosta, batería y guitarra de Boikot. Al frente, una mujer arrabalera que tampoco paraba quieta, que llevaba unas medias imposibles y mucho metal que trasladaron al Stayin’ alive de los Bee Gees.

Tampoco defraudó el hardcore de Habeas Corpus, recordando éxitos como Basta ya o A las cosas por su nombre y presentando temas de su último trabajo (Basado en una historia real)… mientras Mr Chifly nos enseñaba al final como lanzar gargajos al estilo fuentecilla y volverselos a tragar. Una habilidad como cualquier otra que requiere práctica, por eso es de agradecer que quisiera compartir sus conocimientos con los demás. Pero insisto: dieron mucha caña al calorcito de la tarde.

Como tampoco decepcionaron Saratoga en el escenario New Rock, con el infatigable Leo Jiménez al frente, uno de los grupos que se pasean por el Viña cada año con gran tirón. Tirón sobre todo entre las féminas, que ya se conocen los encantos del Leo, sus posturitas y sus pantalones ceñidos hasta provocar el morado de sus huevos. Eso sí, el sonido falló bastante dejando que en ocasiones Macaco, que actuaba a la misma hora en el Republicca, se impusiera a los agudos del Leo lo que no dejaba de darle un toque exótico al asunto.

 Hablando de féminas, Barricada introdujo coros femeninos que provocaron todo tipo de opiniones: “¿ein?” fue el más extendido y no sé si es bueno o malo, que lo decida el Drogas. No faltaron Blanco y Negro y Balas blancas, éxitos como el Marihuana de los Porretas que te recordaban que sí, que un año más estabas en el Viña, con arena en los ojos; como si no te hubieras lavado el pelo en dos semanas (¡qué consistencia capilar!) pagando unos diez euros por un enorme anillo de coco, fumando hasta provocarte un enfisema pulmonar y bebiendo… bebiendo a veces por no llorar.

Chambao no me hicieron llorar pero casi me duermen. Siendo como eran una de las apuestas fuertes del escenario Republicca, que acogió a casi todo el mestizaje que pasó por el Viña, para el domingo enfocaron el concierto de forma muy tranquila que chocó bastante por ejemplo con Amparanoia, que había pasado por el mismo escenario apenas dos horas antes, y que había terminado el concierto con el público bailando con Welcome to Tijuana en versión movidita.

Otros que casi me duermen fueron Monkfish en el escenario de Radio 3. Buenos músicos son sin  duda, pero la fórmula fuky-jazz con largas partes instrumentales (y cuando digo largas, digo ‘laaargas’) a las cuatro de la tarde como que no triunfa y a parte, provoca somnolencia al más puro estilo antiestamínico.

Eso sin olvidar la parte final de la actuación de los Pereza, que como ya no tenían más temas que cantar, en vez de currarse unas versiones emplearon casi diez minutos en presentar a los miembros del grupo. Que si el Leiva es “el puto amo”, que si “somos un grupo de hijos de puta”. Pereza.

 Por su parte, Ojos de Brujo me hicieron lanzarme a la barra a gastarme los cuartos por culpa de sus divagaciones flamencas, impropias para un festival de este tipo, y de un sonido que también dejaba que desear. Vamos, que flojearon. Tampoco rompió muchos esquemas The-Locos, continuación de Ska-P con uno de sus antiguos cantantes, Pipi, al frente. Y que nadie se imagine al ex de Terelu. Hablamos de un punk que en los conciertos se disfraza de madero norteamericano con peluca y hombreras descomunales, y que me imagino, no tendrá simpatía por la hija de María Teresa. Simplemente, es una intuición.

Con el frío en los huesos y sin más ganas de beber calimocho (¡quién lo iba a decir!) llegó el fin de este viñarock de la mano de Los Delinqüentes, que sí asumieron bastante bien su papel de cierre del festival haciendo bailar a los que allí quedábamos con la roña acumulada al aire. Los de Jerez dieron vidilla alternando muchos de sus temas más conocidos con alguno que otro del nuevo disco y con el abuelo Frederik y a la luz del lorenzo finiquitaron un festival que, más allá de polémicas, cada año atrae a más gente y lo más importante, crea adicción.

Fuente: Ozu  

 
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