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Flamenco en el Viñarock 2005
Saturday, 17 de June de 2006

Un año más, uno de los mayores festival de rock (por no decir el más importante), congregó a más de 60.000 personas de todas las "tribus" urbanas. Era el décimo aniversario y el cartel así lo mostraba con grupos consagrados y habituales en el festival como  Soziedad Alkoholika, Boikot, Reincidentes...o nuevos grupos que están llamados a ser los sucesores como Los Despistaos.

Aunque se empieza a ver  algo de masificación, el "ambiente" que se siente allí en Villarrobledo es sin duda lo mejor del festival. Quizás sea por la mezcla de estilos que van desde el Rap Metal Combativo de Def Con Dos al funky embrutessio andalú  de O´Funk ´illo, pasando por la contundencia de los brasileños  Sepultura o el rock de siempre de la mano de Rosendo. Sin embargo la nota de color y de alegría la pusieron los "nuevos flamencos" como Los Delincuentes o El Bicho que hacen una fiesta en el escenario y fuera de él donde todos los asistentes se dejan llevar por la mezcla de guitarras eléctricas con las españolas.

A pesar de esto, cada año el Viña Rock está más comercializado, algo normal en un festival de estas dimensiones. Pero resulta grotesco ver a un grupo cantando contra el capitalismo al lado de una botella gigante de Coca-Cola.

El tiempo acompañó perfectamente al festival (no como en la novena edición) y se pudo ver sin ningún problema las actuaciones.

Por otro lado, resulta impresionante y a la vez gratificante ver la emigración y la "invasión" que sufre el pueblo donde se realiza el festival, Villarobledo, el cual durante los 3 días que dura el festival estuvo plagado de asiduos oyentes del ViñaRock.

En definitiva, el mayor festival Arte-Nativo de España no decepcionó, pero tampoco despuntó en su décimo aniversario. Sin embargo es grato ver que cada vez se abren más a la mezcla de estilos y a lo alternativo.

Si la ministra de cultura estuvo asistiendo recientemente a la actuación de Marilyn Manson en el Festimad de Madrid para ver por dónde “se nos cuela el futuro”, ni cortos ni perezosos estuvimos a finales de abril y principios de mayo en Castilla-La Mancha, feudo del más importante festival de rock de España, el Viñarock. El motivo es muy sencillo. Desde hace varios años este macro festival reúne en su cartel a un buen puñado de los grupos flamencos punteros hoy en nuestro país. Si algunos de los lectores han asistido al Esparragorock, el Viñarock es algo así como cuatro veces más grande que la cita rockera andaluza.

Lo que llama la atención en primer lugar es la literal invasión que un modesto pueblo manchego llamado Villarobledo sufre estos días. Las cifras oficiales dan 60 000 personas, pero creo que cerca de 80 000 personas estuvieron reunidos durante el puente de San José, o del día del trabajador, según el color que se mire. Literalmente impresionante el “mar” de tiendas de campaña que transforma el campo vinícola en un abigarrado campamento de las tribus urbanas nacionales. Luego el ir y venir incesante de miles de asistentes en la principal avenida del pueblo, 24 horas sobre 24, los tres días que duró el festival. ¿Ocurría lo mismo en la Unión cuando dicen que corría el oro y nada menos que diez y seis cafés cantantes se ubicaban en su calle principal? Aznar anda despistado con su búsqueda desesperada de la unión de  España,: está sin dudas algunas en el Viñarock. Catalanes, vascos, madrileños, andaluces, castellanos, navarricos, asturianos, murcianos, valencianos, extremeños, etc... y además en edad de ir a filas, estaban allí reunidos para vivir este gran botellón nacional que es el Viñarock. Eso sí, no busquen allí banderas españolas. La iconografía rockera más variopinta forma parte del paisaje, con cientos de camisetas marcando gustos musicales y filias a grupos nacionales e internacionales. Sin embargo la camiseta “oficial” del festival lucía un Quijote y Sancho Panza galácticos, convertidos en guerreros de las Galaxias en un campo curiosamente parecido al de la Mancha.

Pero vamos a lo flamenco, que es lo nuestro. Tenía cierta curiosidad por ver cómo se las apañaban los flamenquitos para lidiar en una plaza con más de 50 000 espectadores. Y la verdad que me llevé una grata sorpresa. Las actuaciones de Radio Tarifa, Los Delincuentes o El Bicho fueron de las más apreciadas y seguidas, directamente en el escenario, o en las pantallas gigantes que lo bordeaban. Ubicados entre Kiko Veneno y Raimundo Amador, Los Delincuentes tienen un directo impactante que no tiene nada que envidiar al más heavy de los grupos. Y todo con una concepción de grupo donde predominan las guitarras españolas y las percusiones flamencas. Definitivamente comprobé que con una buena sonorización y buenos profesionales en la mesa se puede sonar flamenco delante de miles de personas. Aquí está sin lugar a dudas una de las futuras evoluciones o transformaciones –elija la palabra que más le convenga-  de nuestro querido género. Desde una calidad musical más evidente, adaptando su repertorio a las circunstancias, Radio Tarifa se puso también el chip rockero e hizo vibrar seguidamente por tangos o por soleares al respetable. La música con connotaciones étnicas también puede tener su sitio y ser alternativa en las propuestas actuales del rock. Solos virtuosos de flauta travesera o del láud eléctrico sobre una férrea sección rítmica binaria –en este caso la de tango para reemplazar la del rock- schow del cantante-cantaor con capacidad de transformar el escenario en el patio de una casa albaicinera, los flamencos o provenientes de la cultura flamenca cada vez manejan mejor las armas para moverse con soltura en este tipo de manifestaciones. En este caso, el flamenco dejará de ser de minoría para ser de gran mayoría. La actuación del Bicho estuvo  un tanto fuera de contexto, quizá por su reiteración en querer explotar los clichés más gruesos del camaronismo: uso del cuerpo a imagen de Cristo, halo de misticismo un tanto extraño. No se sabía muy bien a dónde quería parar este Bicho, iluminado en una noche que demandaba fiesta.

Paseando por el marchandising del festival, con decenas de puestos para venta de los habituales objetos en este tipo de conciertos (chapas, camisetas, pañuelos, posters, ropas coloridas, etc...) pude comprobar que solo un flamenco ocupa un lugar entre la industria rockera nacional e internacional: Camarón de la Isla. Existe ya una importante colección de camisetas y chapas con su rostro, desde imágenes de juventud hasta el Camarón barbudo y demacrado de los últimos años, icono estéticamente colocado entre el Cristo y Che Guevara. Los que piensan que la camaronmanía ha tocado techo se equivocan: solo acaba de empezar. Sino el texto de una de las camisetas camaroneras que compré para mi colección: “Gastos militares para resucitar a Camarón”. 


Berti Torres López y Norberto Torres Cortés, Tristeyazul.com

Publicado en la revista El Olivo Julio/Agosto 2005 

 
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