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El contrapunto, Viñarock 2005
Friday, 16 de June de 2006
Una larga fila de coches me estuvo acompañando durante todo el trayecto.

El camping quedaba aún muy lejos- o al menos eso nos parecía-. Sentía el peso de un inmisericorde Sol sobre mis hombros. Tardé lo que me pareció una eternidad en llegar a un sitio libre y poner la tienda. Por fin. ¿Pero de dónde ha salido toda esta gente?.

Una milagrosa brisa de aire rozó mi cuello, trayéndome un inconfundible olor a calimocho. Una amplia sonrisa se dibujó en mi rostro. Para mí ese es el auténtico aroma del ViñaRock. Siempre que pruebo esta bebida, no puedo evitar acordarme de tan polvoriento festival. Porque es la hostia de polvoriento, ¿eh?. Una especie de arenilla se asienta en tu piel y tu boca todo el fin de semana, y luego se va contigo, a tu casa, a pasar un par de días de vacaciones.

Pero eso no es algo que le importe a miles y miles de personas.

ACAMPADA

El camping es una auténtica jungla. Este año ha asistido tanta gente al evento que ha desbordado a la organización en este aspecto. Cuando el recinto de acampada oficial estuvo lleno, la gente reconquistó las desérticas llanuras que rodean el recinto de conciertos.

En mi caso, tuve la suerte o desgracia de acampar en el primero. Por eso, éste será el escenario de mis primeras historias.

Es sorprendente el sentido de la orientación que te ves obligado a desarrollar en ese mar de tiendas de campaña anárquica-mente asentadas en la zona de acampada.

La peña llega hasta los huevos del viaje y de hacer cola para que les pongan la pulsera, y están deseando irse para los conciertos. Por eso, aquello se convierte en una férrea lucha por colonizar un trozo de tierra habitable. Me recuerda a la conquista del salvaje Oeste.

Un sonido difuso llega desde lejos hasta mis oídos. Unos segundos después se convierte en un ruido atronador. Es el tren, que pasa al lado del camping. No me había dado cuenta de que nos encontrábamos al lado de las vías ferro-viarias. A partir de entonces, me enteraría del paso de cada tren a través de una reacción muy curiosa de los acampados. Cada vez que llegaba uno, un bramido común se extendía por  todo el campamento. Como una  cadena de aullidos lobunos.

Hace poco, hablé con una chica que estando acampada en la otra punta del camping, no sabía la causa de tan estruendosa reacción. No entendía por qué la peña se ponía a gritar de repente. Simplemente, la gente escuchaba gritar, y para sentirse integrados dentro de la gran manada, se ponía a bramar también. Muchos sin saber el motivo.

La zona de acampada es un escenario perfecto para vivir grandes aventuras en un mundo mágico (como en el Hero Quest).

Ilusos los que intentamos raspar unas horas de sueño a la noche (aunque no tan mentecatos como los que intentaban dormir en la tienda por el día; algo imposible por la  sauna en que se convierte). Cuando la luna asomaba su bello rostro, numerosas manadas humanas recorrían el campamento de punta a punta comunicándose mediante gritos con las criaturas de su especie, parándose de vez en cuando para beber, cantar o hablar con la gente.

Dentro del bestiario viñarockero también existen los ‘coyotes solitarios’, aquellas criaturas de Dios que suelen estar más perdidas que el vástago de una meretriz en el día de San José. Esta especie camina confundida por todo aquel territorio, sin tener un rumbo fijo. No entienden dónde están, pues se encuentran desprovistos del poco sentido de la orientación que les quedaba antes de sumergirse en las drogas y el alcohol. Caminan por la faz de la Tierra como almas en pena. Algunas sin ningún objetivo o finalidad aparente. Otros sin embargo, buscan desesperadamente un lugar de descanso.

En uno de estos últimos se convirtió un colega mío. Ya estando el alba ofreciendo la primera luz del nuevo día, recibí una llamada al móvil y al cogerlo una voz me dijo que  estaba perdido en el camping.

Un rato más tarde, mi emisaria me trajo al desorientado. Me contó que había estado durmiendo en una tienda ajena pensando que era la suya. De madrugada alguien le había despertado. El dueño de la tienda le preguntaba que hacía allí, sorprendido sobre todo porque había dejado la tienda cerrada con un candado. Mi amigo se levantó como un resorte, y tras un brevísimo ‘Lo siento’, salió corriendo como alma que lleva el Diablo.         

LA HISTORIA DEL MICRO

Es curiosa la cantidad de especimenes que te puedes encontrar en el Viña. Resulta que en el concierto de Orishas cogía un micrófono hinchable dentro de su bolsa de plástico. El primer sujeto que la cazó se la pasó a otro por no molestarse en hincharlo. Éste, a su vez, me lo pasó a mí por la misma razón.

Un pulmón entero sacrifiqué por llenar de aire el puto micro. Cuando terminé de hincharlo –y de quedarme con los carrillos, ardiendo por el esfuerzo- vino un chaval   ofreciéndome dinero por el micrófono gigante. Me contó que llevaba años inmerso en una campaña cuya única meta era conseguir uno objeto como aquel. Su historia me conmovió y decidí regalarle lo que otros me acababan de dar a mí. Quedose sorprendido ante mi respuesta y acto seguido me dio un abrazo. La chica que le acompañaba besó mi rostro en señal de agradecimiento, y ambos salieron corriendo.

Les seguí con la mirada unos cuantos metros. Pude ver como iban corriendo alzando el micro y gritando de alegría. Instantes después, pude comprobar como el chaval era rodeado por numerosos miembros de su manada, los cuales se aferraban al objeto hinchado y saltaban como posesos, con sorprendente coordinación, como si estuviesen llevando a cabo una danza tribal de júbilo ante la reciente caza de una presa por mucho tiempo deseada.

EL NUDISTA

Un rato después, caminaba a refrescar el gaznate cuando comprobé sorprendido como un tío totalmente desnudo se sentaba en el suelo, junto a un grupo de tías que no supieron que hacer. Así que le acabaron admitiendo en el corro. Si lo que no veas en el Viña…

Y lo que mola ir caminando por el recinto viñarockero o por los territorios colindantes y encontrarte con peña que conoces. Algo que parecía imposible entre miles de personas. Ya se tenga amistad con dichos sujetos o no, la tendencia generalizada es, no sólo saludarlos efusivamente, sino pararse a conversar con los mismos para comentar las trivialidades que nunca comentarías si estuvieses en tu ambiente cotidiano. Como si fueseis amigos de toda la vida. Todo el mundo es colega en el Viña. Da igual si lo eras antes o no lo eras.

LOS CONCIERTOS


Justo antes del comienzo de cada concierto, lucho por estar en las primeras filas y bien centrado con respecto a la perpendicular del escenario. Si no lo consigo antes; lo conseguiré durante. Es un ansia completamente inexplicable por llegar a las primeras filas. Es la zona donde más disfruto cierto tipo de conciertos. Aquella en la que el sitio que ocupas (‘tu sitio’, por así decirlo) no es mas que una mera ilusión. En ese lugar especial he descubierto el placer del sano salvajismo que llevo en mi interior.A veces me cuestiono sinceramente qué es lo que busco realmente en este tipo de eventos: si el estado de barbarie o la música que acudo a escuchar.
Sin duda, disfruto como nadie perteneciendo a la masa que se aglomera en las primeras filas. Porque la gente que en dicho lugar nos congregamos formamos una ‘masa’, tan heterogénea en sus componentes como homogénea en su comportamiento. Nos encontramos unidos por la música que fluye delante de nosotros. La peña se mueve en conjunto, encendida e hipnotizada por el ritmo de ésta. Esto hace que, durante el concierto, Locura camine sin pudor entre nosotros. No paramos de botar, de empujarnos y de fustigar inconscientemente a todos los que nos rodean, hasta el punto de dar y recibir una verdadera paliza.

En mi caso, doy potentes saltos, y empujo a las personas colindantes con antebrazos y codos para hacerme hueco. Este es el paso previo a mi principal actividad: acometer contra la masa utilizando mis rodillas a modo de ariete. Esto es importante (sobre todo si pesas poco), porque si tu no acometes contra la masa (a la que por otro lado perteneces), ella acometerá contra ti y te engullirá.

(En este Viña no he olvidado levantar las rodillas alto y con violencia, a modo de homenaje a mi ausente compañero y   contrincante en este tipo de abestializados conciertos.)

No obstante, esta somanta de palos no obtiene ningún tipo de reprimenda vengativa (al menos, por parte de las personas con dos dedos de frente). En realidad la masa es muy solidaria con sus componentes. Si alguien se cae, ipso-facto se forma en torno al caído un corro  que se encarga de impedir que la propia masa pisoteé, y lo levanta del suelo. Si dos personas se dan un golpe demasiado violento, es corriente que las manos de ambos se busquen para fundirse en un apretón cordial en señal de disculpa. Si durante la refriega se pierde un móvil o una zapatilla, la masa colabora en la búsqueda. Si alguien lo encuentra lo levanta para buscar al dueño. Muy típico del Viña.

Muchos podrán pensar que se trata de algo desagradable y que pude causar heridos. Con lo primero difiero pero lo segundo es cierto: yo mismo he partido el labio a algún tío (no intencionadamente, por supuesto), y me he tenido que frotar la dolorida cabeza después de recibir un cabezazo. De hecho, en este Viña sucedió que la masa cayo en efecto domino y me pillo a mi como ultima ficha. Mi tobillo quedo aplastado y yo no paraba de gritar como una nenaza. Un tío se agacho para tranquilizarme, mientras otros levantaban a la gente para liberar mi pierna. ¡Qué buen rollo! Es igual que cuando cualquier desconocido te ofrece birra o cali justo cuando podrías encender una cerilla en mitad de tu garganta.

El final del concierto es otra historia. La peña se mata por coger algo que tire cualquiera desde el escenario (ya sea músico o pipa), desde una baqueta del batería a un trozo de papel con la lista de las canciones. Cuando algo se acerca a la zona donde estas, no puedes evitar un achispa de ilusión por cazarlo. Suele resultar ridículo tu intento de coger la reliquia deseada entre una  maraña de   gente embrutecida. Incluso si lo has cogido o estas a punto, tampoco te puedes fiar. Siempre pueden surgir de la nada unos largos brazos glam-entianos que te arrebaten el trofeo delante de tu propia cara de iluso.

En mi caso, pude cazar en este Viña un single friki de Squizoo. Cuestión de suerte, al fin y al cabo.

EL FINAL

Abrí los ojos la primera mañana después de la última noche de festival. La idea de que se ha acabado el Viña y que tendrás que volver a casa es desalentadora. No podía moverme. Cuando pensé en el viaje de vuelta que me esperaba caí derrumbado. No albergaba demasiadas esperanzas en poder emprender el camino de vuelta. Me quedaría allí descansando, vagando por los alrededores, consiguiendo comida de cualquier forma, con la única finalidad de acumular energías para sobrevivir al próximo Viñarock y quizás poder regresar al dulce hogar.

Deseché una idea tan atractiva como estúpida. Me levanté sacando fuerzas de lo más recóndito de lo que quedaba de mi cuerpo. Y di el primer paso…[Tiempo de sufrimiento.]

Cuando me vi dentro de mi casa no me lo creía. Qué placer volver a una cama blanda y a una comida caliente. No obstante, me di cuenta, por el rechazo familiar ante mi saludo, que me envolvía un hedor insoportable. (Para mí, las duchas del Viña siempre han sido un mito.)

Entré en la ducha. El Cielo debe ser una sensación cercana a la que experimenté entonces. Miré para abajo y encontré el infierno. Una negra capa de mierda, arrastrada con dificultad por el agua,  pretendía quedarse conmigo aferrándose a mi piel. Supongo que pretendía recordarme que yo había vivido el festival del que ella procedía; que yo ya forma parte de la historia del Viñarock 2005.

Loberra Ezkato, LaMenor.tk , Fanzine nº2
 
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