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Morderás el Polvo
Saturday, 17 de June de 2006
En una fechas estratégicas para la captación de público (puente del día de los trabajadores) y en la localidad albaceteña de Villarrobledo, se celebró este macrofestival que reúne a lo más granado del rock patrio.

Con el precedente del éxito de público de la pasada edición (más de 40.000 asistentes), los organizadores asumieron el reto de hacer aún más grande la convocatoria, y al final del festival se cifraban en unas 50.000, las personas que pasaron por el recinto. Punkys, hermanos del metal, pies negros (y sus perros), modernos, hiphoperos, grounges, rockeros, hippies, demás tribus y gente simplemente interesada en pasar tres días al son de los acordes más duros del país, se agruparon en Albacete, en un recinto amplio, pero que desgraciadamente todavía sufre de carencias notables para el mínimo convivr de tanta tropa.

El polvo se convierte en el desagradable protagonista de cualquier movimiento de la masa, y la zona de acampada es todavía una triste patatar, sin las mínimas condiciones para pasar tres días allá. La organización sigue comprometiéndose a suplir estas carencias, que bien podrían solucionar ya, habida cuenta de que estamos hablando del festival más importante del país por número de asistentes. Pero la verdad es que esto a la gente parece darle igual, quizás por la falta de actitud reivindicativa y por un obsoleto planteamiento de que en un macroconcierto vale todo. Creo que no es incompatible el disfrutar de 72 horas de música y hacerlo en un recinto digno, pero bueno, hecho el comentario, no vamos a convertir en este escrito en un mero artículo de denuncia.

En lo musical el festival ha consolidado una apuesta consabida y consistente a agrupar a las tendencias más aceptadas del rock. Ese es su plato fuerte, sólo discutido por el escenario Sol, una especie de caleidoscopio de otras experiencias musicales marcadas por la fusión, capaz de aglutinar cada año a mayor número de espectadores. Y eso esta bien, porque no deja de ser una apertura de otras inquietudes hacia un público que ha priori va a escuchar rock duro en todas sus variantes y viceversa, ya que muchos de seguidores de la heterogénea propuesta de este escenario, tienen la posibilidad de acercarse al mundo del rock. Lo mismo se podría decir con la carpa dedicada al hip hop y a la música electrónica, que van ganando en aceptación y prestigio en el festival. En definitiva hay que reconocer el acierto de que pese a estar hablando de un festival especializado y que la apuesta sigue siendo concisa en este aspecto, hay una voluntad decidida también de introducir otros sonidos, eso si, con cierta coherencia (los seguidores del pop, a Benicassim).

Por sencillo y esclarecedor (y por cierto seguidísimo con otras crónicas de festivales en esta revista), estructuramos impresiones sobre algunos grupos por días.

JUEVES 1 DE MAYO

El primer día del festival estuvo marcado por la hegemonía del escenario de Radio 3, territorio de difusión de grupos cercanos al nu-metal en sus diversas variantes. Y la hegemonía vino casi por imposición, porque a parte de la presentación en el teatro del pueblo con la actuación de Pereza y El Maestro Pocero, en el recinto del festival sólo quedaba esta opción o la carpa dance (escenario Repuvblicca).

Para nosotros el recibimiento del festival fue el rock reflexivo pero de potencia escénica que desarrollaron el grupo vasco P LT. Con cuatro discos a sus espaldas la formación se presentó con solidez y sin demasiados artificios. Guitarra, bajo y teclado fueron elaborando temas de hipnótica factura con retazos de contundencia metal, enarbolados por una puesta en escena caracterizada por la expresividad del teclista, que además de introducirnos la ilusión de los sonidos guitarreros, se desveló como el auténtico performance del grupo.

Coilbox es un grupo al que de manera accidental hemos seguido con más asiduidad. Y al final acabaron por conquistarnos. Es un grupo absolutamente entregado y seguro de lo que hace y esa seguridad se acaba por transmitir.

Sonidos contundentes, voz cavernosa, scratches enriquecedores y un derroche de energía inaudito, son las bazas que sus componentes sacan siempre a relucir en los escenarios. Desde que editaron su último disco “13”, les habíamos visto por lo menos en tres ocasiones, y su actuación en el Viñarock, no hizo sino confirmar lo que yo ya intuíamos, una personalidad (oscura, desde luego) propia. La utilización que hacen de elementos que parece que ahora están en boga dentro de los grupos de su palo, nos parecen de lo más inteligente, porque sampleos y scrathes, lejos de paliar el sonido brutal de la banda de Hev Arriols, conjugan perfectamente con descargas imposibles de esquivar.

El tercer fogonazo de la noche vino dado por Breed 77, un grupo del que confesamos cierta desconocimiento. Percibimos una formación con una concepción muy clarita del rock que ejecutan y francamente nos sorprendieron sus temas más tranquilos que en aquel momento y con la ayuda de las inhibiciones propias de un macroconcierto, nos dio por pensar que estábamos presenciando algo así como el surgimiento de la balada o el pasodoble metal... Su vocalista es además un líder nato y un agitador de las masas vocacional, lo que produce un notable impacto en la puesta en escena del grupo, si bien tanta arenga, puede llegar a cansar.

Para acabar con la crónica del día, hay que mencionar el concierto de Freak XXI. Con la certeza de que merecía la pena esperar la actuación de estos catalanes que han hecho de la experimentación su bandera, nos enfrentamos a un concierto sustancialmente distinto a lo visto hasta el momento. Antes de que entraran en acción y mientras conectaban sus creativas maquinitas, pudimos asistir a una especie de entremés a lo Mayumaná con dos tipos dando a la percusión en dos publicitarios bidones llenos de agua, que nos entretuvieron hasta que llegó la propuesta más freaky de la escena metal y que por cierto, dejaron empapado el escenario, cosa que seguro no agradó en exceso a los componentes del grupo, preocupados por su instrumental.

El delirio hipnótico de unas programaciones oscuras, acompañadas por una excelente banda metal al son de lo tétrico irrumpió en el escenario y en la psique de los presentes. Una vez mostrada su solvencia, y su ánimo de vanguardia, el grupo sonó seguro, contundente, y el público absorbió una propuesta metal, que no pasa por las estridencias y la preeminencia de sus guitarras. Temas de su último trabajo “Re-Cycle”, cantado exclusivamente en inglés, se conjugaron con otros de anteriores LP’S en castellano, pero independientemente de las letras, Freak XXI es capaz de dibujar atmósferas inexploradas con su música, y el asentamiento de la técnica que han adquirido para extraer sonidos, no sólo denotan solvencia sino que además ha constituido el génesis de un grupo absolutamente vanguardista en el homogéneo panorama del metal en España.

VIERNES 2 DE MAYO

Día festivo en la comunidad de Madrid, y por supuesto en Villarobledo, dónde afrontábamos el segundo día de festival, con muchas más propuestas que el día anterior, gracias a la apertura de la totalidad de los escenarios en el recinto. Comienza la polvareda....

Tras el atracón metalero del primer día, el viernes optamos por dar un pequeño descanso a los grupos que descargarían en el escenario Matarile, donde rock patrio de ayer y hoy, se alternarían durante toda la tarde-noche. La Gripe, Fe de Ratas, los vallecanos Sugarless y el incombustible Evaristo y sus “chicos” de La Polla Record configuraron el cartel hasta casi las doce de la noche, hora en la que actuó Mago de Oz.

Y con ellos llego la polémica, porque aparecieron en escena volcando una serie de reproches sobre la organización, sus propios promotores y casa discográfica, ya que no les habían dejado sembrar el escenario de tumbas y otros abalorios que normalmente llevan en sus giras. Consultados a los implicados, al parecer las nuevas estrellas del folk rock no llevaban mucha razón puesto que el contrato contemplaba que solo se autorizaría tal despliegue siempre y cuando no interfiriera en la ágil alternancia entre grupo y grupo. No pudo ser y Mago de Oz no lo comprendió y optó por la denuncia pública frente a miles de personas que se congregaron para verlos.

Polémicas aparte, a Mago de Oz no le hace falta el teatrillo para montar su espectáculo de muñeira rock, que levantó el ánimo (y los pies) del respetable que disfrutó de lo lindo con esa conjunción de violines y riffs al viento.

Rápidamente nos trasladamos al escenario Sol Música, para contemplar la descarga de Los Deltonos, con las expectativas de ver en directo a alguien a quien han comparado con el mismísimo Jimi Hendrix. Como os podéis imaginar, la cosa no es para tanto, pero si es cierto que el cuarteto desplegó un buen rock and roll guitarrero, con un sonido depurado, emocionante y con ese plus de influencia del rock yanqui, del r&b, del country, que les ha hecho acreedores de un sonido propio. De manera clara sonaron los temas de su último trabajo Sólido, pero también deleitaron con sus anteriores trabajos, sobre todo del Ríen Mejor, su auténtica consolidación musical.

Ahora unos minutos para la nostalgia. O algo. Medina Azahara hicieron acto de aparición como las estrellas que fueron. Su atuendo ya lo reflejaba todo; su actitud como antaño; el público, entregado. Y a tocar. A tocar un rock andaluz de prestado (no vamos a decir de quién a estas alturas), lleno de arcaísmos, e infantilismo vocal (esto es literal, porque los tipos pretenden que les sigamos con su O, U, A). Manuel Martínez, con su camiseta del Che y consciente de lo entregado del público, no hizo más que avivar la llama de su voz aflamencada, un poquito a lo heavy Camela, y confirmar que este iba a ser un festival de contrastes. Necesito Respirar, Siento Que Llega La Hora, premonitorios títulos que muchos sentíamos en aquellos momentos como propios, levantaron sin embargo a público y grupo que parecían en perfecta comunión. Y la cosa siguió, por que hay que reconocer que repertorio, tras más de 14 discos, no les falta.

Una vez superado el sock de revivir tiempos pretéritos con los andaluces, llegó uno de los momentos más agradables del festival, la actuación de la Banda Bassotti. Muchos pensaran que es un acto de hipocresía o de tendenciosidad rogelia el criticar a Medina por ese inaguantable flashback, para alabar posteriormente a estos italianos, que reviven canciones antiguas, muchas de ellas canciones de lucha, y básicamente internacionales. Pero es que no es lo mismo. Lo primero es que hay un auténtico ejercicio de revisión musical, de introducción de ritmos tan ricos como el ska suavecito, el son cubano, eso que llaman músicas del mundo pero bien escogidas y ejecutadas con convicción. Pero sobre todo lo que llama la atención de este grupo es la actitud, que si bien en un primer momento puede quedar de “izquierdas que te cagas”, no se queda demasiado en el pastelón del discurso. Y todo porque hay un objetivo claro y muy loable, disfrutar. Y si de paso reivindicamos, pues mira tu que bien. Lo cual no quiere decir que todo valga, y por destacar algo irregular, pues por ejemplo la versión de Guantanamera que tenía su gracia, era divertida, pero musicalmente no estaba bien.

Pero en líneas generales la banda fue de lo más arrollador, con una increíble puesta en escena, y una deliciosa coreografía de metales que hizo que allí bailara hasta el más “pintao”. Momentos álgidos como el de el Partisano o Bella Ciao, se aprovecharon para enarbolar banderas, pero también para bailar y disfrutar. Fue un descubrimiento de directo, porque evidentemente esta banda a nacido por y para los escenarios, a pesar de que sus grabaciones estén muy bien, y tengan mucho ritmo. Pero el conjuro que despliegan encima del escenario y ese poderoso influjo que nos atrajo a disfrutar con ellos, hay que vivirlo. Todo ello para haceros la postrera recomendación de que si tenéis la oportunidad de verles, no os lo perdáis.

Y ya cansaditos de tanto trasiego musical y polvo acumulado a lo largo de varias horas de romería festivalera, decidimos esperar a ver que hacían esos Delincuentes que anunciaban el cierre del viernes. Y pese a las expectativas de los primeros temas, que parecían aproximarnos al flamenquito fusión, hecho con cierto ingenio, tipo Kiko Veneno, o Ketama, la cosa derivó en unos Estopa, aún más macarrilla todavía. El líder del grupo, como si estuviera en su barrio con los “tron”, no hacía más que decir “vamos a hacer música, ¿no?, que para eso hemos venido”, y lo obvio se convirtió en utópico. Mucho guitarreo, mucha historia de periferia, pero la cosa se atasco en una rumba sosita y lineal. Lástima, y que conste que aguantamos hasta el final, antes de retirarnos hasta el día siguiente, ese sábado en el que el país se preparaba para recibir al Papa.

SÁBADO 3 DE MAYO

Y mientras Su Santidad hacia gira por los madriles descargando, su particular show, nosotros nos enfrentábamos a una climatológicamente infernal última jornada del Viñarock. El calor apretaba en serio y la concentración de polvo en nuestras gargantas hacia peligrar seriamente cualquier conato de heroicidades, tipo corear a canciones de algunos de nuestro grupos preferidos (y esa noche tocaba Sôber y el Lichis...).

Con el ánimo que provoca al devoto de la música presenciar conciertos a priori atractivos, nos integramos en la masa, que desde bien prontito estaba preparada para despedir con todos los honores y algún exceso, el macrofestival.

El inicio de nuestro último contacto con el recinto de Villarobledo, fue si embargo de lo más tranquilito. El flamenquito chill de Chambao, acuno nuestros oídos con sonidos relajantes, pero no exentos de duende y pellizco. Un preludio sosegado que aportaba una especie de serenidad que luego iría decreciendo a lo largo de la tarde noche.

Una tranquilidad interrumpida por la aparición de Sôber en el escenario. Un directo contundente, guitarras abrasivas, credulidad sobre las tablas y el buen hacer de una banda que sinceramente, empezamos a creer que no tienen techo.

Los grandes temas de su último disco Paradysso, sonaron como trallazos dirigidos a un públicamente auténticamente entregado y que llegó a su delirio final con ese “Loco”, que uno empieza a pensar que se trata de una enigmática invocación. El grupo suena absolutamente compacto, con un dominio logrado a base de unas voces curradas, de los particulares sonidos de refinada épica, y una cuidada puesta en escena. Medio en broma, medio en serio, los autores de este reportaje hablábamos de cambiar el lema con el que esta revista a bautizado a Sôber, Sensibilidad e Inteligencia, por Sabiduría y Contundencia, juegos de palabras, a fin de cuentas, que esconden auténtica admiración por un grupo que siempre estuvo dispuesto a aportar un poco más en cada trabajo.

Dusminguet salió al escenario a desarrollar su más que decente fusión de la rumba, el reagge y cualquier expresión sabrosona de la música. Nos deleitaron con cumbias, con versiones de temas como Colegiala de Mi Amor, el ahí vienen los rumberos y otras de inspiración propia que consiguieron hacernos mover el cuerpo, y dar cierto descanso a la sobredosis de cuernos que pusimos durante todo el festival. Los catalanes se constituyeron en otra agradable sorpresa, por su frescura, sus acordeones, y su espíritu poseído por el “buen rollito”.

Entre medias de la actuación de Ojos de Brujo, a los que hemos visto hasta la saciedad en conciertos y festivales (no hay nada mejor que ser el grupo ligeramente under de moda), nos acercamos hasta el Escenario Matarile para ver algo de la populosa actuación de Rosendo. El de Carabanchel, nunca pierde ese imán que tiene con un público que aglutina ya varias generaciones y que nunca reniega de la peculiar versatilidad de este rockero de la calle. La nueva excusa fueron los temas de su Veo, Veo, Mamoneo y ese “prodigio” de las rimas consonantes, llamado Masculino Singular. No obstante hubo momentos para el recuerdo y para temas de discos más recientes. La verdad es que Rosendo siempre tiene la virtud de estar bien, con su reducida formación es capaz de desplegar el rock que pide un público entregado y Agradecido con un músico sincero, sin trampa ni cartón.

Y para finalizar, ansiábamos ver como se desenvolvía nuestro querido Lichis, con su Cabra Mecánica, frente a los desprevenidos festivaleros. Salió, como siempre, ataviado de traje, bastón de mando y contentito y comenzó con lo mejor de su directo Ni Jaulas Ni Peceras, ese prodigio de mezcla entre una música acid jazz, un cante a lo reagge y una letra de impacto.

Tras él los temas de Vestidos de Domingo, Cabrón y Cuando Me Suenan Las Tripas fueron calentando el ambiente.. pero algo no marchaba bien. El derroche de ingenio, rapidez mental y lírica de barrio se vio afectado por la circunstancia de un teclado que no se pudo utilizar y que afectó en el ánimo de Lichis, que notó como se le escapaba el concierto. Tras hacer la delirante versión del Venezia de lo Hombres G, el pastor de la cabra advirtió en público como se colaban los sonidos de la carpa adyacente y decidió que no habría bises. Nuestra pasión por el grupo no nos hace insensibles hacia la debilidad que en ese momento mostró Lichis, que no quiso torear con las adversidades, pese a los cientos de “cabrones” que aguantamos polvo y polvareda por disfrutar de su concierto. Lástima que ese día el number one, no ejerciera.

Y con ese agridulce sabor nos despedimos de un festival, que dígase lo que se quiera, es por número de asistentes el más importante del país y que con una oferta que para alguien que vive en una gran ciudad, no es demasiado atractiva (la mayoría de los grupos participantes, tocan, al menos, dos o tres veces al año por ejemplo en Madrid), pues ahí esta, arrasando y pulverizando records año tras año. Pues nada, Larga Vida al Viñarock.

 

Daniel Vega y Javi Falcón, cuantoyporquetanto.com 

 
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